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24 de Marzo Da de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Identidad y memoria

El ejercicio sistemático del  terror –caracterizado por  la desaparición  de  personas  y  la  existencia  de  centros clandestinos de detención– desplegó otro mecanismo siniestro: la  apropiación  de  menores.  Los  responsables del  terrorismo de Estado  consideraban que para completar  la  desaparición  de  la  forma  ideológica  que pretendían exterminar era necesario evitar que ésta se transmitiera  a  través  del  vínculo  familiar.  Por  eso,  se apropiaron  de  los  hijos  y  las  hijas  de muchos  de  los desaparecidos. Como  dicen  las Abuelas  de Plaza  de Mayo en su página web el objetivo era que  los niños  «no sintieran ni pensaran como sus padres, sino como sus enemigos» (1).

El procedimiento de apropiación de niños y niñas se llevó a cabo de diferentes maneras. Algunos fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron durante el  cautiverio  de  sus madres  que  fueron  secuestradas estando embarazadas. Muchas mujeres dieron a luz en maternidades de modo clandestino y fueron separadas de sus hijos cuando éstos apenas habían nacido.

La cantidad de secuestros de jóvenes embarazadas y de niños y niñas, el funcionamiento de maternidades clandestinas  (Campo  de Mayo,  Escuela  de Mecánica de  la Armada, Pozo de Bánfield  y otros),  las declaraciones de testigos de los nacimientos y de los mismos militares demuestran que existía un plan preconcebido. Es decir: además del plan sistemático de desaparición de personas, existió un plan sistemático de sustracción de la identidad de los niños.

Los niños y las niñas robados como «botín de guerra» tuvieron diversos destinos: fueron inscriptos como propios por los miembros de las fuerzas de represión; vendidos; abandonados en  institutos como seres sin nombre; o dados en adopción fraguando la legalidad, con la complicidad de jueces y funcionarios públicos. De  esa manera,  al  anular  sus  orígenes  los  hicieron desaparecer, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad. Sólo unos pocos fueron entregados a sus familias.

«La  desaparición  y  el  robo  condujeron  a  una  ruptura del sistema humano de filiación y se produjo una fractura  de  vínculos  y  de memoria»,  explica  Alicia  Lo Giúdici, psicóloga de Abuelas de Plaza de Mayo. Para reparar esa  fractura surgió  la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo, organización no gubernamental que tiene como finalidad  localizar y  restituir a sus  legítimas familias a  todos  los niños apropiados por  la  represión política, como también crear  las condiciones para que nunca más se repita «tan terrible violación de los derechos de los niños exigiendo que se haga justicia».

En todos sus años de lucha, las Abuelas encontraron a varios de esos nietos desaparecidos y pudieron generar  conocimiento  sobre  el  proceso  de  restitución del  origen  familiar.  Así  lo  explican  en  su  página web: «Las  vivencias  individuales  de  los  hijos  de  desaparecidos, ya  jóvenes, que descubren  la verdad sobre sus historias  personales  y  familiares  son  diversas  y  hasta opuestas. Existen,  sin embargo,  algunos  factores  comunes.  Todos  descubren,  en  primer  lugar,  un  ocultamiento. En segundo lugar, esas historias están ligadas trágicamente a la historia de la sociedad en la que viven (…) La restitución tiene un carácter liberador, descubre lo oculto, y  restablece el  “orden de  legalidad  familiar”. La restitución descubre la eficacia del reencuentro con el origen,  reintegra  al  joven  en  su propia historia,  y  le devuelve a la sociedad toda la justicia que radica en la verdad».

En la actualidad, aun después de más de 30 años, esta búsqueda  continúa.  Fueron  encontrados 101  niños desaparecidos pero todavía, se estima, faltan más de 400.

(1) www.abuelas.org.ar