El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado, el último de una serie iniciada en 1930. Pero esta vez, la violencia de la represión y las consecuencias de la dictadura instaurada fueron de una profundidad inédita: se buscaba un radical disciplinamiento y la imposición de un modelo económico frente a un contexto caracterizado por la creciente movilización social y política.
La dictadura implementó una política de terror y aislamiento. El temor y el individualismo fueron sus herramientas más eficaces para el control social. También utilizó la propaganda apelando a frases siniestras y calificó a las denuncias realizadas por los organismos de Derechos Humanos como “campaña antiargentina”.
Cientos de publicaciones fueron censuradas durante la última dictadura. Figuran volúmenes de literatura infantil, ciencias sociales, ficción, matemática y psicología, entre otros.
Desde finales de la década de 1950 los gobiernos latinoamericanos adoptaron la Doctrina de Seguridad Nacional, un plan destinado a la represión interna en cada uno de los países. También desarrollaron una estrategia represiva a escala continental conocida con el nombre de Plan Cóndor.
Desde la recuperación democrática en 1983, el Estado protagonizó dos hitos que permitieron profundizar la lucha por la memoria, la verdad y la justicia: el Juicio a las Juntas en 1985 y las políticas de condena al terrorismo estatal desplegadas a partir de 2003 que dejaron atrás las leyes de perdón y abrieron la posibilidad de nuevos juicios contra los responsables de los crímenes de lesa humanidad.